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Mostrando entradas de octubre, 2025

UNA NOVELA CON PULSO

Los llanos. Federico Falco. 2020 De la misma manera, que nuestro tiempo presente desentierra el pasado con el que nos construimos, vivimos como granjeros. Hasta la ciudad, como un gran espacio artificial, nos permite “cultivar”. La escuela es el primer “tractor” que abre nuestro vacío: ese agujero a través del cual nos arrojan al mundo. No es porque con frecuencia pisamos adoquines y subimos a subtes, estamos alejados de las hortalizas y de las verduras. Cultivamos en los departamentos, en nuestras habitaciones. Cultivar es estar presente frente al otro: es la cultura con la que formamos comunidad. De esa manera, podemos decir que día a día hacemos crecer nuestras vegetales. Falco es minucioso en su plan de escritura, letra a letra, con ritmo pausado pero certero nos cuenta su surco íntimo, su hendidura personal. Falco siembra, nos invita a subir a su arado para cavar. Alterna su “texto privado” con la extensión de su abandono. Los llanos puede llegar a horadar la interacción humana, l...

BAILAR LA VIDA

Sátántángó. Béla Tarr/Lázló Krasznahorkai. Hungría. 1994 Tarr nos muestra secuencias tan infinitas y lentas para simular la misma. Sátántangó es la ilusión casi perfecta de la pausa del tiempo: una morosidad que nos enlaza a todos en una misma red. No somos ajenos a nada. Tarr nos enseña nuestra complicidad con el destino. La falta de vulnerabilidad propia de los humanos es solo un artificio para no “mirar” alrededor. Sátántangó está construida con la óptica del detenimiento. Nada se disuelve en nuestros dedos en segundos. Todo es un proceso irreductible que se pone en marcha para no volver hacia atrás. La lluvia constante, el barro y los animales que deambulan a la deriva son artificios para crear la sensación de lo inestable, de una utópica libertad que solo sirve para envolvernos en una “madeja”, asfixiarnos en una fuga inútil, envolvernos en sobretodos húmedos y acumular botellas de alcohol vacías. Para Tarr el hombre huye porque no puede disponer de la libertad; le da miedo la com...

LA MÚSICA Y LA VOLUNTAD

Werckmeister Harmonies. Béla Tarr. Agnes Hranitzky. 2000 La obsesión de Tarr es el poder y los sometidos. Con ese tópico deambulan por un pueblo habitantes desencantados que buscan una revuelta. Todo está ligado a un espectáculo de circo que predice el destino de la insurrección: una ballena inmensa que se exhibe a las órdenes de un Príncipe que anima el espectáculo. Tarr reúne, tal como sucede en las grandes obras, hechos aparentemente inconexos, pero que luego el desarrollo de la trama los rearma para lograr lo discursivo. Las escenas son precarias; los personajes viven con lo mínimo y comen lo indispensable para mantenerse de pie en una sociedad hambrienta de líderes. La ballena cumple un indicio fundamental: es un “artefacto” para visitar; algo novedoso que atrae en un mundo sin posibilidad en una comunidad regida por lo regular y el desasosiego. La música de Werckmeister irrumpe como un esquema que se debe componer. Quizá el aviso de Tarr es la carencia desármonica que fastidia al...

COMER EL SUELO AJENO

Baco Polaco. Mauricio Kartun. Teatro Sarmiento. 2025 Nunca Eurípides pudo imaginar a Dionisio irrumpir el campo argentino y festejar su ritual de fertilidad entre el polvo y la llanura. Kartun, de la misma manera que Leopoldo Marechal se apoderó de Antígona, “revisa” Las Bacantes. La llanura, como espacio devastado por el poder, es la escena adecuada para la orgía. Las mujeres poseídas por el instinto primario de supervivencia padecen entre unas “chapas” el dominio de siempre -en el siglo V ac se lo denominó “el macho cabrío” hoy es el hombre, ese masculino que sodomiza-. Kartun aprovecha casi todo de este Eurípides moderno y tan común para todos. Los griegos no veían a los protagonistas, se contentaban con observar sus “prosopon”, sus máscaras. Los actores se escondían porque los dramaturgos al ocultarlos trasladaban sus sufrimientos a la platea. El dolor pertenecía a todos; se destruía lo singular y, paso a paso, se iba camino a lo plural. Quizá el “pathos” de Kartun en cada palabra ...

DESARMAR EL CUERPO PROPIO

La merma. María Moreno. Random House. 2025 En La merma no hay economía de lo agradable, de lo cómodo. María Moreno nos presenta y también nos involucra con su “pathos”. Si nos atenemos a esa idea debemos llegar a la conclusión de que leer su ensayo, nos lleva a la catarsis: repensar el cuerpo como incompleto, con una discapacidad lenta que ataca gran parte de la movilidad. La merma es una “capitis diminutio” de la ley. María Moreno se subleva, provoca una revuelta con la lengua, dice sin tapujos ni condicionamientos morales. María Moreno cuenta sobre su cuerpo, lo levanta de la silla de ruedas y lo hace deslizar por los pasillos del instituto de rehabilitación. Exhibe sus heridas como una liturgia de vida, de aquello que la vida le permitió hacer. María Moreno se agiganta frente a su dolor para dejar atrás una camilla, los sueros y esa asistencia monótona de los enfermeros que nunca dejan de asistir. Su sintaxis guarda el encadenamiento de los martillazos sucesivos en el papel. Nos hac...

TODAS LAS MADRES EN UNA

 La culpa es de la tierra. Gustavo Manzanal/Jorge Rivera López. Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.  La síntesis es una operación estética. El exceso visual genera rechazo. Hay que saber encontrar objetos que “hablen” y “persuadan” al espectador de que las palabras, en fin, son sonidos que merecen un recorte. Manzanal y Rivera López arman y desarman en escena personajes que son textos con la prosa lírica de Lorca. La mujer que reúne en su cuerpo todo el dolor y la lucha se desplaza de una punta a otra “diciendo” y “gesticulando” una métrica que solo se acompaña con la canción que anticipa un destino. El espectador participa sin ingenuidad en la trama. Manzanal/Rivera López espían Bodas de Sangre entre bastidores. El teatro es devolución permanente: aquello que se entrega nunca es  lo que se conoce. En ese sentido lo dramático sorprende. Siempre el recurso visual y sonoro triunfa. Sentados en la butaca nos dejamos ganar. Hay que perder de pie. La culpa es de ...

LA CONDENA INTERIOR

 La mujer de la fila. Benjamin Ávila. Argentina. 2025 A lo mejor todos somos reclusos, presos del tiempo  y del dolor. La película de Ávila maneja el tópico de la libertad de aquellos que están entre rejas y el encierro de aquellos que pueden cruzar  hacia el “afuera” de un penal, pero con el paso de los detenidos bajo una supuesta  libertad. En La mujer de la fila la vida de encierro es la escena que no queremos mirar: somos esquivos a ver a aquellos que cumplen condena porque la “sombra” del delito nos crea una situación de privilegio. Estamos  afuera y esa condición crea una mirada salvaje sobre aquellos que están en falta. Ávila arma una red de contención entre los perdedores entre barras y los de afuera. El dolor se comparte en las caras de las visitas programadas, en las despedidas y en ese micro que casi nunca lleva a una salida. Nadie se desprende del todo: quedan fragmentos de historias y de silencios. Hay una vida que sigue siendo común y un castigo co...

LAS MAYÚSCULAS DE LO SOCIAL

La familia. Gustavo Ferreyra. Ediciones Godot. 2025 Ferreyra estudia con minuciosidad su relato: una trama elaborada como un péndulo que hilvana un árbol genealógico de año en año. Aquello que denominamos “tiempo” pasa a ser en la novela una categoría que hiere la vista y lastima. Podemos pensar que en La familia hay una cirugía o, mejor, una taxidermia de seres con los que nos topamos siempre en las esquinas; los miramos de soslayo por temor a que nos devoren con una historia de la que no queremos formar parte. Es cierto que somos “vecinos”, hasta “cómplices ingenuos” de un suceso trágico con el que nos quieren involucrar. Esa gente que intenta tragarnos es aquella que describe Ferreyra. Él, por su parte, nos somete a leer sin poder cerrar la vista -devoramos las hojas porque de tanto hacernos sentir culpables buscamos el perdón por ser dóciles a tantas palabras-. Leer es también redimirnos de un pecado venial y cruel. Nadie  va a un purgatorio. En todo caso, Ferreyra nos lleva a ...