EL CUERPO ENTRE BASTIDORES
Habitación Macbeth. Pompeyo Audivert. Metropolitan.
Pompeyo ubica al espectador en el centro de una escena en la cual desfilan voces, vaticinios y el arte de la mala magia. Si todos estos recursos remitieran pura y exclusivamente a Shakespeare, el
Macbeth de Pompeyo sería una versión más, entre tantas otras plausibles.Habitación Macbeth constituye una puesta a prueba del dominio del cuerpo hasta transformarlo en voz. Ningún movimiento de esos “trastocados” seres se encuentra desprovisto de voz: un sonido propio acorde con una tensión que flota, pero que no se derrama para no aturdir. Pompeyo desnuda a cada uno de los personajes acólitos de Macbeth. Se dice “acólitos” porque son “oficiantes” de la liturgia creada por Shakespeare para incomodar. Habitación Macbeth crea un “plus” indispensable: multiplica las siluetas de personajes; otorga contornos a duques, reyes y a su propia esposa, a partir de la luz y de las sombras, de “encuadrar” rostros descompuestos por el horror y por qué, no?, la pasión. Que el cuerpo hable fue el recurso dramático por excelencia: los cadáveres de Etéocles y Polinises preparan él argumento de Antígona; hasta La lección de anatomía del Doctor Nicolaes Tulp de Rembrandt también en el siglo XVII exhibe un cuerpo helado que “dialoga” con los “acólitos” de la ciencia médica de esa época. Son apenas unos ejemplos de que el cuerpo “empuja” al habla. Pompeyo Audivert da un paso más: arroja la galería de contornos a las butacas para que el público se vaya con los muertos a cuesta y con el peso grave de la desmesura.
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